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Templo

Iglesia de los desamparados

La Hermandad de la Santa Caridad y Pobres Desamparados tiene una larga y fecunda historia. Fue fundada en 1445 por Alonso Fernández de Lugo y su esposa, Catalina Martínez, con la intencionalidad de prestar ayuda al sector más necesitado de la sociedad sanluqueña: los pobres y desamparados. Para cumplir esta finalidad, donan unas casas en el Arrabal de la Ribera para la creación de un hospital, y asimismo, lo dotan de mil maravedís anuales.

La nueva Hermandad nace bajo la advocación de la Santísima Trinidad, crece grandemente en patrimonio de bienes y construye su propia iglesia bajo dicha advocación. Poco después se desligará de la iglesia de la Trinidad y se llamará de la Santa Caridad, procediéndose con posterioridad a la construcción de una nueva iglesia en la por entonces llamada Plazuela de la Panadería, financiándose la construcción, después de diversas vicisitudes, en el año 1762, siglo, por otra parte, de fecundas realizaciones de todo tipo en la Sanlúcar ilustrada. El templo fue bendecido por el Cardenal Arzobispo de Sevilla De Solís, dedicado a María Santísima de los Desamparados.

Tras una intensa labor de generosidad a lo largo de los siglos, la Hermandad de la Santa Caridad volverá a dar muestras de ello nuevamente en el año 1948 cuando concede a la Hermandad de Jesús Cautivo y Mª Stma. de la Estrella residencia en su iglesia.

Al adentrarnos en la iglesia, nos encontramos ante una excelente manifestación de arte barroco. La humilde fachada posee una portada de piedra adintelada, escoltada en la actualidad por dos azulejos, uno de Nuestro Padre Jesús Cautivo -a la derecha- y otro que hace referencia al pintor sanluqueño Francisco Pacheco -a la izquierda-. La portada aparece enmarcada con unas pilastras que sostienen un friso acasetonado. Sobre la puerta aparece un frontón partido que porta en su interior un escudo de piedra con una cruz en el centro, a sus pies un corazón ardiendo con las palabras «COLEGISTISME» («me elegísteis»). La fachada culmina con la espadaña y el cuerpo de campanas.

Su interior es un remanso de paz y un continuo desfile de devotos. Es templo de una sola nave, recorrida toda ella por una bella cornisa, posee asimismo bóveda de cañón con lunetos y una cúpula de media naranja sobre pechinas que cubre el crucero.

El retablo mayor, obra de Andrés Marín, es del siglo de las luces, y de estilo barroco. Aparece sin dorar y está constituído por dos cuerpos y el ático. A ambos lados del mismo aparecen dos ángeles de talla de madera portando lámparas de metal plateado. Se hace presente en el altar la simbología de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Preside el retablo mayor la imagen de Nuestra Señora de los Desamparados, también del siglo XVIII. Aparece con los brazos abiertos y cubriendo con la apertura de la inmensidad de su manto a unos pobres desamparados que se arrodillan ante Ella. Es de autor desconocido; llama la atención su mirada bellísima y penetrante.

Además de las imágenes de Nuestro Padre Jesús Cautivo y de María Stma. de la Estrella que se encuentran en los altares laterales ubicados a la izquierda del templo, es de resaltar imágenes

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